Lo que me enseñó mi sobrina adolescente

A veces me siento mal cuando hablo sobre tipos de cuerpo. ¿Será ético?, me pregunto. 

 

Me viene a la mente una conversación que tuve con mi sobrina cuando tenía 17.  Intentaré reproducirla palabra por palabra. 

Yo – ¿Has adelgazado mucho, no? 

Ella (triste) – Sí, creo que sí…no lo sé. Es importante? 

Yo (me río) – Claro que no. Sólo es un comentario. 

Ella (cabizbaja) – Me hace sentir muy incómoda cada comentario relacionado con mi cuerpo. 

Yo (pensando en mí) – Pero si yo casi nunca hago comentarios sobre tu cuerpo. Y cuando lo hago, siempre te digo lo guapa que eres.

Ella – Lo sé. No me refiero sólo a ti. En general, me molesta incluso cuando me dicen «hoy tienes buena cara». Automáticamente pienso que ayer tenía mala cara. O este «has perdido peso», como si fuera un cumplido. ¿Qué pasa, antes estaba gorda? Y si lo estaba, ¿qué?

Yo (sigo sin entenderlo) – Nunca has estado gorda.

Ella – No es eso. Simplemente no deberíamos darle nada de importancia, ni siquiera para hacer cumplidos.

Yo – Y ¿por qué les das tanta importancia? ¿Por qué te afecta tanto?

Ella  – Porque ya tengo bastantes inseguridades como para tener que preocuparme también por mi cuerpo. Y tantos comentarios, cumplidos, o lo que sean, me mantienen alerta en lo que concierne mi cuerpo y su aspecto. No quiero estar alerta, quiero que ni siquiera importe, que nadie le dé importancia, ni para lo bueno, ni para lo malo.

Yo – Tienes razón. No volveré a hacerlo. 

No era el momento de decirle que los hombres le iban a dar importancia. Por lo menos al principio, antes de descubrir lo inteligente y profunda que era.

 

Tampoco era el momento de decirle que las mujeres somos las que más importancia le damos al cuerpo, el propio y el de otras. Las que comparamos, envidiamos o celebramos nuestra superioridad física. 

 

Sabía que lo había descubierto. De alguna parte tenía que venir ese deseo de luchar contra lo superficial.

No he vuelto a referirme a su cuerpo desde entonces hasta que el otro día me preguntó si pertenecía a la tipología Soft Gamine o la Romántica. Le expliqué lo que pensaba pisando cáscaras de huevo. 

 

El cuerpo es un tema delicado. No sabes cuándo y cómo puedes ofender. Por eso insisto tanto en la personalidad como parte fundamental del estilo personal.

 

Y no quiero andar sobre cáscaras de huevo. Quiero poder decir «masculino», «femenino», » ancho», «estrecho», «alto», «bajo»,  «mucho peso», «poco peso» sin pensar que podría ofender a alguien. Nos ofendemos porque, inexplicablemente,  atribuimos un sentido peyorativo a estas palabras comunes.

 

Últimamente se promueve la idea de que ya no hay género, ni peso, ni talla. Pero las hay. La cuestión es cómo decides enfocarlas. 

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