Lo que me enseñó mi sobrina adolescente

A veces me siento mal cuando hablo sobre tipos de cuerpo. Me viene en la mente una conversación que tuve con mi sobrina hace 3 años. Tenía 17 y para mí estaba guapísima. Intentaré reproducirla palabra por palabra. 

Yo – ¿Has adelgazado mucho, no? 

Ella (triste) – Sí, creo que sí…no lo sé. Es importante? 

Yo (me río) – Claro que no. Sólo es un comentario. 

Ella (cabizbaja) – Me hace sentir muy incómoda cada comentario relacionado con mi cuerpo. 

Yo (pensando en mí, en lugar de activar la empatía) – Pero si yo casi nunca hago comentarios sobre tu cuerpo. Y cuando lo hago, siempre te digo lo guapa que estás.

Ella – Lo sé. No me refiero a ti necesariamente. En general, me molesta incluso cuando me dicen «hoy tienes buena cara». Automáticamente pienso que ayer tenía mala cara. O este «has perdido peso», como si fuera un cumplido. ¿Qué pasa, antes estaba gorda? Y si lo estaba, ¿qué?

Yo (sigo sin entenderlo) – Nunca has estado gorda.

Ella – No es eso. Simplemente no deberíamos darle nada de importancia, ni siquiera para hacer cumplidos.

Yo – Y ¿por qué les das tanta importancia? ¿Por qué te afecta tanto?

Ella (empieza a llorar) – Porque ya tengo bastantes inseguridades como para tener que preocuparme también por mi cuerpo. Y tantos comentarios, cumplidos o lo que sean, me mantienen alerta en lo que concierne mi cuerpo y su aspecto. No quiero estar alerta, quiero que ni siquiera importe, que nadie le dé importancia, ni para lo bueno, ni para lo malo.

Yo – Tienes razón. No volveré a hacerlo. 

No era el momento de decirle que los hombres le iban a dar importancia. Por lo menos al principio, antes de descubrir lo inteligente y lo profunda que era.

 

Tampoco era el momento de decirle que las mujeres somos las que más importancia le damos al cuerpo, el propio y el de otras. Las que comparamos, envidiamos o celebramos nuestra superioridad física. 

 

Sabía que lo había descubierto. De alguna parte tenía que venir ese deseo de luchar contra lo superficial.

No he vuelto a referirme a su cuerpo desde entonces hasta que el otro día me preguntó si creía que su tipología era Soft Gamine o Romántica. Le expliqué lo que pensaba pisando huevos. 

 

El cuerpo es un tema delicado. No sabes cuándo y cómo puedes ofender. Por eso insisto tanto en la personalidad como parte fundamental del estilo personal.

 

Y no quiero ir pisando huevos. Quiero poder decir «masculino», «femenino», » ancho», «estrecho», «alto», «bajo»,  «mucho peso», «poco peso» sin pensar que podría ofender a alguien.

 

Nos ofendemos porque damos por sentado que son palabras peyorativas. Últimamente se promueve la idea de que ya no hay separación de género, ni peso, ni talla, ni altura. 

 

Pero las hay. La cuestión es cómo eliges enfocarlas. 

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