La moda es un yogur o ¿Por qué seguimos las tendencias?

Claro, la moda tiene fecha de caducidad. Es como el yogur que aguanta por un tiempo en tu frigo. Por cierto, ¿eres de las que tiran el yogur caducado? ¿O te atreves y te lo comes a pesar de que la fecha de consumo haya vencido?.

 

¿Qué? 🙂

 

El yogur caducado es sólo una mala metáfora que se me ha ocurrido para explicar la relación que algunas tenemos con la moda.

 

Todo empezó con mi obsesión de buscar palabras en el diccionario. Será defecto profesional (traductora) o inseguridad lingüística (el español no es mi lengua materna). 

 

Así, el otro día, me dio por buscar la palabra “moda” en el diccionario de la Real Academia Española. Esto es lo que encontré:

 Uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país, con especialidad en los trajes, telas y adornos, principalmente los recién introducidos.”

Nada sorprendente. En cambio, me di cuenta de que a menudo se nos olvida el marco temporal de esta industria tan grande llamada Moda. «En boga”, “tiempo”, “recién” son palabras que indican algo efímero, de poca duración, inestable.

 

La definición del DRAE, que ya hemos visto, nos conlleva a una sola conclusión: la moda es igual a tendencias (aunque para mí implica mucho más, pero vamos a atenernos a la definición). Entonces, si te gusta la moda, ¿deberías seguir las tendencias? Creo que antes de decidirlo, habría que entender qué nos hace seguirlas.

¿Por qué seguimos las tendencias?

En la infancia y más tarde, en la adolescencia, desarrollamos el sentimiento de pertenencia y aceptación. Eso, inevitablemente, nos condiciona el comportamiento. Para formar parte de la sociedad, la comunidad o el grupo, adaptamos nuestra manera de actuar.

 

El niño que no comparte los juguetes aprende que, en consecuencia, nadie querrá jugar con él. Al final decide compartir.

De la misma manera, si va a clase en trajecito y corbata aprende que su aspecto puede ser objeto de ridiculización porque se ríen de él. El miedo al ridículo y la necesidad de aceptación le hacen modificar su comportamiento. La próxima vez se negará rotundamente a ponerse el trajecito.

Esta facilidad con la que nos adaptamos a lo que dictan los demás, amigos, familiares, sociedad, está tan enraizada en nosotros que no nos acordamos del punto de partida. No la identificamos como la necesidad de ser aceptado. Vestir como los demás contribuye a hacernos sentir parte de una comunidad. Nos ayuda a hacer amigos porque somos reconocibles. La gente que nos rodea sabe por dónde cogernos, no hay misterio alguno (aparentemente). Así, la moda se convierte en un elemento catalizador de la socialización.

No es casualidad que la mayoría de las personas que siguen las tendencias son jóvenes. Es cuando más fuerte es el sentimiento de querer pertenecer, ser reconocido como igual, ser aceptado.

 

Querer sentirse integrado no es malo. Se convierte en algo malo sólo si te hace infeliz, si te sientes perdida, si sientes que las tendencias no reflejan tu personalidad. 

Tu personalidad no cambia. El estilo tampoco. Por eso, personalidad y estilo propio deberían ir de la mano.

 

Las tendencias van y vienen, pero el estilo permanece. La moda cambia, el estilo perdura. La moda te uniformiza, el estilo te hace única.

 

Para cerrar como he empezado, veamos qué dice el DRAE acerca del “estilo”.

“1. m. Modo, manera, forma de comportamiento. Tiene mal estilo.

  1. m.Uso, práctica, costumbre, moda”.

 

Bueno, DRAE, no sé si aceptas sugerencias, pero yo borraría “moda” de la lista.

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